El inglés que publicó fotos de sí mismo y otros objetos curiosos
Era el título de un fascinante libro publicado en 2010, escrito e ilustrado por John Tingey, quien comenzó a coleccionar sellos hace más de cincuenta años, cuando sus padres le regalaron su primer álbum y un paquete de sellos de 6 peniques comprado en una tienda Woolworths. ¿Quién era, pues, este inglés aparentemente peculiar? W. Reginald Bray (1879-1939) era un inglés común y corriente de clase media que vivía en Forest Hill, un suburbio londinense por aquel entonces frondoso.
Sin embargo, desarrolló una pasión extraordinaria por enviar objetos insólitos por correo. A los 19 años, Bray compró un ejemplar de la Guía Postal y comenzó a estudiar las normas que publicaban trimestralmente las autoridades postales británicas. Descubrió que, increíblemente, el objeto más pequeño que se podía enviar era una abeja, y el más grande, un elefante. Fascinado por estas normas, decidió experimentar enviando objetos extraños por correo sin envolver. Entre ellos, curiosamente, se encontraban una bomba de bicicleta, un nabo, un sombrero bombín, algas, un cepillo de ropa y el cráneo de un conejo. Incluso envió a su terrier irlandés y, más tarde, a sí mismo, lo que le valió el apodo de «La Carta Humana».
Bray fue entregado por correo certificado en su domicilio, y su padre estaba a punto de firmar el recibo. También enviaba postales a direcciones difíciles. Algunas eran rompecabezas, otras iban dirigidas a destinatarios ambiguos en lugares remotos. Su objetivo era poner a prueba la capacidad deductiva de los carteros del país.




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